Es preocupante la cantidad de personas que tienen problemas lumbares y en concreto algún diagnóstico de Hernia Discal.

Yo comencé mi práctica de yoga hace años pero lo que en realidad me empujó a la formación de instructor de yoga fué la búsqueda de una respuesta a un problema precisamente de Hernia de disco.

Previo paso por diferentes pruebas, resonancia magnética incluida, el traumatólogo me diagnosticó una hernia de disco entre L4 y L5.  Su respuesta fué que si me dolía mucho tendría que operar: cortar y pegar.

Fué entonces cuando comencé a buscar otras alternativas.  Había estado separado de la práctica del yoga precisamente por el dolor tan intenso y la imposibilidad de realizar ninguna postura.  Además de la insistencia médica y también de profesores de yoga de evitar cual quier postura que complicase más la situación.  Y esto es cierto pero hasta un límite.  Y sin embargo no hay ningún reparo en recomendar la natación, craso error. 

Comencé a valorar la posibilidad de retomar de nuevo mi práctica, pero adaptatándola a mis condiciones.  Fuí comprobando que había posturas que me perjudicaban y otras que me beneficiaban. La principal emoción es la de miedo.  Me acerqué a mi mismo para observarme de cerca.

Estaba claro la percepción que uno adquiere con la práctica del yoga nos permite valorar de forma más próxima nuestra realidad: qué es lo que realmente está pasando con nuestros pensamientos, emociones, sensaciones.  Comprendí que aunque no me curase de la hernia si tendría la oportunidad de afrontarla emocionalmente de otra forma y ello sin olvidar el beneficio que me proporcionaban posturas que descargaban la presión sobre el disco.

Sobre estas cuestiones quería iniciar una propuesta de “terapia” para afrontar un diagnóstico de Hernia Discal.  Está la parte física claro pero también la parte emocional y de pensamientos.

Malas posturas de pie, sentado,… que se mantienen como hábito “de-generan” una presión excesiva en los discos intervertebrales. También los traumas emocionales pueden hacer tambalear nuestra estructura física, por donde somos más vulnerables.  Las causas no son únicas y además suelen estar relacionadas.  Pero algo evidente acerca de la hernia es la postura que adoptan las vértebras para presionar al disco.  Y ahí es donde entra el yoga en acción, a través de la postura.

Uno de los principios sobre los que se asienta la práctica del yoga es precisamente la postura.  El yoga nos proporciona una propiocepción postural incrementada y, por tanto, es de esperar que su práctica contribuya a una mejora de la Corrección Postural.

Mi propuesta inicial para abordar los problemas lumbares en general y de hernia discal en particular es que tratemos de realizar posturas con atención plena en cualquier actividad a lo largo del dia.  También mientras dormimos necesitamos corrección postural.

Durante el día prestaremos especial atención a la posición de sentados observando la colocación de los pies, las piernas, la pelvis, la espalda, el cuello y la cabeza.

Mientras estamos de pie observaremos también la posición de las diferentes partes: pies, rodillas, caderas, pelvis,….

Durante la noche podemos introducir entre las rodillas un cojín que nos permita aliviar la tensión en las caderas, que luego se trasmite a la zona lumbar.  Si tenéis problemas lumbares os aconsejo que durmáis de costado con un cojín entre las rodillas.

Se agradece cualquier contribución discrepante o no respecto lo anterior.  En próximas entradas iremos detallando otras posibilidades de la práctica yoga en cuanto a alivio de síntomas lumbares.

Un abrazo, José Vicente

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